La educación, órgano vital para la formación de una sociedad libre y espiritualmente desarrollada , fábrica de cultura y librepensamiento, látigo implacable contra las tiranías y los abusos de poder, se ha convertido en moneda de cambio para la clase política española.
Los políticos y, por extensión, los gobiernos, conciben la educación como un arma para controlar a los individuos. Así pues, su interés no estriba en crear individuos con criterio propio, capaces de analizar las situaciones y elaborar una opinión independiente. No, por el contrario, su interés es el de crear individuos moldeables, manipulables, fáciles de manejar.
Un claro ejemplo lo tenemos en el desbordado interés de los gobiernos autonómicos por controlar la educación. Saben que, en un par de generaciones, habrán creado una masa social correctamente educada en los principios deseados.
Y es que lo fundamental en la labor de educar -bien lo saben eso los buenos profesores-, no es que el alumno recopile innumerable información acerca de las materias en cuestión, sino enseñar a razonar, elegir, debatir, dialogar, tener criterio propio,..., es decir, crear seres humanos adultos que sepan manejar su parte racional de manera independiente.
Y esto, actualmente, es cosa prohibida.
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